
Es el Cristo de la agonía, ubicado en la Iglesia San Agustín.


Luego de atravesar el tupido bosque se abre la ciudad de Miravia. Cuando uno entra a esta cuidad siente como si todo se viniera encima, llenándote de incomodad y inseguridad. Hay galerías llenas de ojos mirándote y analizando cada uno de tus movimientos. Después descubres que los habitantes de Miravia son tan vanidosos que pasan horas asomados en sus ventanas comparándose con todo lo que se mueve.
En el centro de la cuidad, esta la mansión de Don Miranda es el magnate de la cuidad, casi tan importante como el alcalde, ya que provee a todos de gotitas para los ojos.

“El que mira, sabe y el que sabe vive en Miravia” es el lema de la ciudad.
Por ley a primera hora de la mañana cada habitante debe hacer presencia en la plaza municipal. Una vez ahí rinden tributo al alcalde diciendo el lema 4 veces.
Se dice que la tradición partió con el alcalde Miranda, el mas pillo de todos, que impuso esta tradición para saber antes que todos como se viste y que esta haciendo cada habitante sin ni siquiera moverse de su asiento.

Cuando los habitantes de Miravia se cansan de sentirse tan controlados por los vecinos hacen el llamado mirtollo, es decir, ponen marionetas de sus ojos en las ventanas y asi nadie sospecha que esa persona esta haciendo otra cosa.
Dicen que la gente que ha hecho esto se termina fugando de la ciudad. Los que han sido pillados en esto son muy pocos porque es un delito penado por la ley con la razón de “ser un engaño a la sociedad y falta a las buenas costumbres”.